sábado, 18 de febrero de 2017

Las sombras del universo


Cornelia Parker. Cold Dark Matter

Parece ser que, según los cálculos recientes, la materia bariónica (lo luminoso) sólo constituye el 4% de la masa del universo. El resto, el 96%, es oscuridad: un 73% es energía oscura y un 23% es materia oscura.

Con estos porcentajes no es de extrañar que la historia de los pueblos, la barbarie, la indigencia intelectual, el odio, las venganzas y la condición humana sean lo que son, pura oscuridad.

Desde la caverna de Platón en que la luz permitía un mundo de sombras; las penumbras, los claroscuros y las luces mortecinas han recorrido el territorio de la historia y del arte. De todas maneras, siempre llega el momento de cuestionarlo todo.  

Hoy se está poniendo en duda la existencia de la materia oscura.  

En efecto, el físico holandés Erik Verlinde, experto en la teoría de cuerdas, en su Nueva Teoría de la Gravedad está demostrando que la gravedad no es una fuerza fundamental del universo y dice que no existe la materia oscura y, por descontando, tampoco existiría la energía oscura. Los estudios están muy avanzados y si llega a demostrarse que son ciertos, no tendrá sentido la teoría del Big Ben, la Teoría de la Relatividad deberá reconsiderarse y las leyes de Newton quedarán como una especulación que solo nos ha servido durante algunos siglos para que vivieramos un poco major.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Conocerse a sí mismo


Bertart, Calvià. David Collado – Antoine Garló

Los clásicos nos exhortaban a conocernos a nosotros mismos.

En el pronaos del templo de Apolo en Delfos ya lo decía: γνωθι σεαυτόν, transliterado como gnóthi seautón. En latín, el aforismo se presenta como nosce te ipsum.

Su traducción: Conócete a ti mismo. 
 
A propósito de la recomendación de los clásicos siempre he observado con curiosidad las radiografías de diversas partes de mi cuerpo, los resultados de los múltiples análisis de sangre y también alguna otra exploración que me han practicado y que tenían por objeto conocer mi interior.

Pocas sorpresas, una vulgaridad absoluta.

¡Qué terrible sería encontrarse con alguna sorpresa!

Además, por conocerse a sí mismo, uno corre el peligro de retirarse el saludo y la palabra.