lunes, 1 de enero de 2018

Cambio de año


Empezamos un nuevo año, el cambio en el calendario no es más que una variación del número, pero el cambio de guarismo alienta a la reflexión o al balance. A veces es una planificación de los deseos y otras la constatación de algunas percepciones o ideas.

Pasan los años y todo evoluciona. Sin embargo, cuando echamos una mirada al paisaje vemos que el efecto de las estaciones se repite y que todo es como siempre: los gorriones caminan a saltitos y los sapos saltan cuando te ven pasar. Si la mirada es sobre el panorama social, se constata que todo cambia para continuar siempre igual, sí, y todo evoluciona, avanza y retrocede como expresaba Nietzsche, avanza a paso de paloma y retrocede a paso de caballo. A veces pienso que el progreso hace como el péndulo doble, cuyo movimiento es caótico.

Double compound pendulum 

Si la mirada choca contra el espejo, su azogue me devuelve ciertas constataciones y alguna mueca extraña. Me basta con esto, no deseo conocer mi interior, por mucho que alguien se empeñe en repetirnos una y otra vez que debemos conocernos a nosotros mismos, que conozcamos a los demás y que seamos empáticos.

Cada día que pasa tengo menos ganas de conocer el interior de las cosas y mucho menos mi propio interior o el de mis semejantes. No tengo ganas de recurrir a las radiografías o a las biopsias, algo que me horroriza, y tampoco me interesan las radiografías del vecino.

Paso la página del calendario y continúo siendo el pesimista de siempre mientras me doy cuenta de que mi escepticismo acrecienta. En efecto, mi incredulidad es cada vez mayor, naturalmente, pues para esto habían de servir las horas de estudio de física y cálculo, estas materias proveen de escepticismo.

Observo el mal negocio de la historia, contemplo el presente, y confirmo mi pesimismo.
Observo la manipulación del lenguaje, constato las mentiras, y aumenta mi escepticismo.

Con el calendario a cuestas valoro cada vez más el lenguaje inteligente del humor y la ironía.
 
Sophie Taeuber-Arp mit Dadakopf, 1920 © und Foto: Nic Aluf, Archiv der Fondazione Marguerite Arp, Locarno

Cambia el año y relativizo, ¡vaya qué si relativizo!

Hay que vivir y hay que vivir bien. Soy pragmático e indulgente con los pequeños pecados y con las pequeñas virtudes. Si los unos y las otras son grandes, dejaré que la historia los juzgue, yo no voy a hacerlo. Las utopías y los paisajes del unicornio blanco son una entelequia para ir pasando el rato.  

Constato lo perjudicial que resulta recurrir a las emociones para resolver los problemas. Nunca he podido pagar a la verdulera con una sonrisa emocionada. Me sorprende que haya quien crea que, tarde o temprano, llegará un iluminado que lo arregle todo.  Haya tortas o sonrisas, se terminarán las hojas de todos los calendarios venideros, pasará el turno de la sepia y nadie habrá arreglado los males de los hombres y mujeres que viven en este mundo.

10 comentarios:

  1. Cuando me siento a conversar contigo, me siento a gusto.
    Un abrazo

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    1. Amic Miquel, conversar y mantener la amistad, amigo mío, esta es una de las formas más sutiles del arte.
      Abrazos

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  2. Amén. Bon any, dins el que és posible.

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  3. Al final es lo que nos queda, el escepticismo y tomarnos las cosas con humor, poco en serio; porque, como dijo alguien, nadie va a salir vivo de esta vida.
    Feliz año, aunque yo prefiero la celebración del año nuevo, como los pueblos antiguos, con la renovación de la naturaleza, en la primavera.
    Un abrazo, Francesc.

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    1. Amigo Cayetano, creo que alguien ya lo dijo, que el humor es una de las cosas más serias. Ayuda a relativizar.
      Te deseo que tengas un 2018 muy tranquilo, sin sobresaltos y lleno de felicidad.
      Abrazos

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  4. Toda una declaracion de principios, Francesc.
    Estoy contigo en reconocer la ironía y el sentido del humor como fundamento de la vida social y privada. Y de tus palabras deduzco que, para escribirlas, antes has ejercitado el músculo de la inteligencia y del pensamiento reflexivo.Esa es la mirada interior a la que me refiero; su ausencia nos deja como hojas al viento, arrastrados por lo transitorio y oportunista, sin defensas frente a un mundo caótico.

    Abrazos

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    1. Querida Amaltea. Como no apliquemos ciertas dosis de ironía y humor vamos perdidos, ya quieren algunos que andemos perdidos.
      Sé a qué mirada interior te refieres, neurotransmisores, conexiones nerviosas y algún otro mecanismo fisiológico. Con las dudas razonables pretinentes, puedo creer en todo ello sin más trascendencia.
      Abrazos

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  5. Me identifico absolutamente con estas frases que has escrito, porque yo siento lo mismo:

    «Cada día que pasa tengo menos ganas de conocer el interior de las cosas y mucho menos mi propio interior o el de mis semejantes. No tengo ganas de recurrir a las radiografías o a las biopsias, algo que me horroriza, y tampoco me interesan las radiografías del vecino.

    Paso la página del calendario y continúo siendo el pesimista de siempre mientras me doy cuenta de que mi escepticismo acrecienta. En efecto, mi incredulidad es cada vez mayor, naturalmente, pues para esto habían de servir las horas de estudio de física y cálculo, estas materias proveen de escepticismo.

    Observo el mal negocio de la historia, contemplo el presente, y confirmo mi pesimismo.
    Observo la manipulación del lenguaje, constato las mentiras, y aumenta mi escepticismo.

    Con el calendario a cuestas valoro cada vez más el lenguaje inteligente del humor y la ironía».

    ¡Buen año, Francesc!

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    1. Amigo Granuribe, pasan las hojas del calendario y solo podemos constatar que las cosas van cambiando para continuar siendo igual, ya lo decía Tomasi di Lampedusa. Viendo este ciclo inmutable de las estaciones y la mala baba de la historia no podemos sino que ser escépticos.
      Que tengas un 2018 muy feliz.

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